Un país que se extiende de villa Itatí a Tucumán, de Bariloche a La Carlota, del río Quilpo a La Boca. Se estira bajo el prisma de una escritora insaciable, que parece insomne y enloquecida por la poesía a la luz de la luna. Madeleine Wolff se narra a sí misma acunando a su hija en la panza en el mar de Cuba y le habla a sus otros amores: hijos, maridos, amigas; a su madre y a su padre con la dulzura del chañar y el amargo del mate que se compensa con delirios azucarados. Pero es la verdad de la tierra la que emerge para sanar, el sol se posa en los techos bajos del sur y ella circula por el mundo buscando respuestas. El conjuro de un amor adolescente que pelea por salvarse en la selva paraguaya, los sapos que gestan plantas salvajes, brebajes que sembramos las mujeres defendiendo la tierra y la frontera, la historia y el linaje. Sabiduría mapuche y barrio cerrado, son material fílmico de una mente que los conoce lo suficiente para narrarlos en primera persona y para rapearlos, cifrando mensajes dirigidos y digeridos con api y torta frita. Es pesada la mochila de esta viajera de las palabras y los montes, se metaboliza mirando el pájaro que se posa en la rama, una tarde cualquiera en que visita a la madre frágil, herida. Cicatrices que sanan con sal y el espesor de unos versos duros como la madera de todas las casas que la acunaron. 

 

Flor Monfort     

WOLFF, MADELEINE - Paraguay
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Un país que se extiende de villa Itatí a Tucumán, de Bariloche a La Carlota, del río Quilpo a La Boca. Se estira bajo el prisma de una escritora insaciable, que parece insomne y enloquecida por la poesía a la luz de la luna. Madeleine Wolff se narra a sí misma acunando a su hija en la panza en el mar de Cuba y le habla a sus otros amores: hijos, maridos, amigas; a su madre y a su padre con la dulzura del chañar y el amargo del mate que se compensa con delirios azucarados. Pero es la verdad de la tierra la que emerge para sanar, el sol se posa en los techos bajos del sur y ella circula por el mundo buscando respuestas. El conjuro de un amor adolescente que pelea por salvarse en la selva paraguaya, los sapos que gestan plantas salvajes, brebajes que sembramos las mujeres defendiendo la tierra y la frontera, la historia y el linaje. Sabiduría mapuche y barrio cerrado, son material fílmico de una mente que los conoce lo suficiente para narrarlos en primera persona y para rapearlos, cifrando mensajes dirigidos y digeridos con api y torta frita. Es pesada la mochila de esta viajera de las palabras y los montes, se metaboliza mirando el pájaro que se posa en la rama, una tarde cualquiera en que visita a la madre frágil, herida. Cicatrices que sanan con sal y el espesor de unos versos duros como la madera de todas las casas que la acunaron. 

 

Flor Monfort