La ausencia de risa en los textos de Bellatin no es un síntoma de pesadumbre, sino todo lo contrario: la liberación de esa potencia de toda servidumbre, de todo pacto y de toda interdicción. ¿No es la suspensión de las servidumbres, los pactos y las interdicciones lo que los textos de Bellatin muestran una y otra vez como efecto de un desastre del que no se sabe bien si los mismos textos son su causa o su consecuencia? Decidir sobre este punto, sin embargo, importa poco: en Bellatin, el desastre es su propia inminencia y la condición de posibilidad de la des-escritura que sus textos vienen exponiendo con tenacidad.
El único enemigo, en estos textos que se postulan como fotos imaginarias, es la realidad (es decir: la cultura). El texto que abre este volumen y el que lo cierra son explícitos en este punto, un tesoro para los cazadores de escenas de lectura/escritura: el que hace quince años, en alguno de los inéditos que el libro recupera, era un escritor, se ha transformado ahora en una fotógrafa que usa la cámara sin presionar jamás el obturador. Lo fotográfico, dice Bellatin, no es del orden del registro, sino del encuadre. Nada más hace falta, y la escritura debería ser capaz de aprender esa lección. El texto no es una ensoñación, sino una fantasmagoría. El texto no es un registro de nada más que un gesto.

BELLATIN, MARIO - Condición de las flores
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La ausencia de risa en los textos de Bellatin no es un síntoma de pesadumbre, sino todo lo contrario: la liberación de esa potencia de toda servidumbre, de todo pacto y de toda interdicción. ¿No es la suspensión de las servidumbres, los pactos y las interdicciones lo que los textos de Bellatin muestran una y otra vez como efecto de un desastre del que no se sabe bien si los mismos textos son su causa o su consecuencia? Decidir sobre este punto, sin embargo, importa poco: en Bellatin, el desastre es su propia inminencia y la condición de posibilidad de la des-escritura que sus textos vienen exponiendo con tenacidad.
El único enemigo, en estos textos que se postulan como fotos imaginarias, es la realidad (es decir: la cultura). El texto que abre este volumen y el que lo cierra son explícitos en este punto, un tesoro para los cazadores de escenas de lectura/escritura: el que hace quince años, en alguno de los inéditos que el libro recupera, era un escritor, se ha transformado ahora en una fotógrafa que usa la cámara sin presionar jamás el obturador. Lo fotográfico, dice Bellatin, no es del orden del registro, sino del encuadre. Nada más hace falta, y la escritura debería ser capaz de aprender esa lección. El texto no es una ensoñación, sino una fantasmagoría. El texto no es un registro de nada más que un gesto.