“La mala vida sin dudas actualiza en 2007 (la fecha de su primera publicación) la década de los 90, quizás su lado más oscuro. En cada poema habitamos la decadencia de una ciudad que se cae hacia sus bordes, ruinas de las que la poeta entra y sale con el peso de saber que puede hacerlo. El mismo peso del hambre que corrompe cuerpos, un hambre que le da de comer a historias tremendas de bebés que circulan como objetos, o que como objetos también se quedan demasiado quietos. Encontramos la merca y con ella la apatía de estar en medio de la nada, esa falta de proyecto o de ideales que tomó forma de locura mansa. En La mala vida no hay desesperación, al menos no como urgencia, no hay apocalipsis ni momentos heroicos. Hay sí, un letargo o un desgano que sobreviene a la emoción o mejor dicho la aplasta. Una Buenos Aires que sucedió en los noventa pero bien podrían haber sido los treinta, la década infame, esa época de maldad y vileza gubernamental donde el arrabal se armaba como el continente de los sin casa, sin recursos, las de sin patrón ni marido”

JIMÉNEZ ESPAÑA, PAULA - La mala vida

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 “La mala vida sin dudas actualiza en 2007 (la fecha de su primera publicación) la década de los 90, quizás su lado más oscuro. En cada poema habitamos la decadencia de una ciudad que se cae hacia sus bordes, ruinas de las que la poeta entra y sale con el peso de saber que puede hacerlo. El mismo peso del hambre que corrompe cuerpos, un hambre que le da de comer a historias tremendas de bebés que circulan como objetos, o que como objetos también se quedan demasiado quietos. Encontramos la merca y con ella la apatía de estar en medio de la nada, esa falta de proyecto o de ideales que tomó forma de locura mansa. En La mala vida no hay desesperación, al menos no como urgencia, no hay apocalipsis ni momentos heroicos. Hay sí, un letargo o un desgano que sobreviene a la emoción o mejor dicho la aplasta. Una Buenos Aires que sucedió en los noventa pero bien podrían haber sido los treinta, la década infame, esa época de maldad y vileza gubernamental donde el arrabal se armaba como el continente de los sin casa, sin recursos, las de sin patrón ni marido”