Otra vez la poesía es la culpable. Otra vez la poesía nos pone frente a la angustia escondida y dispara el arma de la desesperación. La bala entra y sale del cuerpo. La experiencia sangra, lucha por sobrevivir a la indiferencia. Pasan por al lado, esquivan las manos que piden monedas, esquivan las almas que piden amor. Amar ¿Qué es eso? Siga, siga. No es tiempo para pensar en nadie. No es tiempo para poner en evidencia nuestras miserias. Otra vez la culpable es Patricia González López.


La primer estaca que clava González López en su nuevo poemario "Otro Caso de Inseguridad" (Santos Locos, 2018), empieza a sangrar con el epígrafe de Bukowski que seleccionó como antesala a la espesura de una vida que busca desabotonarse de todo escribiendo. Los infelices, los amargados/ los vengativos/ necesitan su/ arreglo – que es/ vos o alguien/ cualquiera/ en agonía, o/ mujer, muerto/ arrojado en algún pozo. Este libro que suelta la poeta está organizado en tres partes (La última muerte, Off, Otro caso de inseguridad) y deja entrever como el cuerpo se hace y se deshace a partir de experiencias maléficas que terminan de enrolarse en emociones insanas. Masticar la muerte, el silencio, la soledad, el desamor y tragar con dolor para reconvertirlo en palabras. En una prosa que suda desesperación y poesía.

¿Vos también te relajaste/ que me trataste tan sucio?/ ¿Cómo no extrañas que te venere la inmundicia?/ ¿Cómo olvidaste aquel enjuague de mi cuerpo?/ ¿Cómo fue posible que habiendo dormido/ penetrados tantas noches/ te hayas convertido/ de pronto/ en este extranjero?, escribe en uno de los poemas que se leen en el apartado La última muerte. Si bien la poesía tiene su materia prima en las emociones, también se interroga ciertos porqués para motorizar la desnudes de patologías que (diría Charly) los analistas no podrán entender. En este tercer poemario, que parece estar más fuerte emocionalmente que su anterior Doliente, se le confía todo a las palabras. Las imágenes gritan, no vacilan en sensiblerías diáfanas.

Como bien lo dice la autora sobre el final del libro: nadie es profeta en su género. Por eso interroga si en sus palabras hay poesía o si lo está en sus libros. Pone en duda su artefacto y desde allí construye una obra que transita la incertidumbre. “Las preguntas que salen de adentro es la poesía que puedo ofrecer. En lo que escribo hay más preguntas que respuestas. En un mundo donde la mayo

GONZÁLEZ LOPEZ, PATRICIA - Otro caso de inseguridad

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Otra vez la poesía es la culpable. Otra vez la poesía nos pone frente a la angustia escondida y dispara el arma de la desesperación. La bala entra y sale del cuerpo. La experiencia sangra, lucha por sobrevivir a la indiferencia. Pasan por al lado, esquivan las manos que piden monedas, esquivan las almas que piden amor. Amar ¿Qué es eso? Siga, siga. No es tiempo para pensar en nadie. No es tiempo para poner en evidencia nuestras miserias. Otra vez la culpable es Patricia González López.


La primer estaca que clava González López en su nuevo poemario "Otro Caso de Inseguridad" (Santos Locos, 2018), empieza a sangrar con el epígrafe de Bukowski que seleccionó como antesala a la espesura de una vida que busca desabotonarse de todo escribiendo. Los infelices, los amargados/ los vengativos/ necesitan su/ arreglo – que es/ vos o alguien/ cualquiera/ en agonía, o/ mujer, muerto/ arrojado en algún pozo. Este libro que suelta la poeta está organizado en tres partes (La última muerte, Off, Otro caso de inseguridad) y deja entrever como el cuerpo se hace y se deshace a partir de experiencias maléficas que terminan de enrolarse en emociones insanas. Masticar la muerte, el silencio, la soledad, el desamor y tragar con dolor para reconvertirlo en palabras. En una prosa que suda desesperación y poesía.

¿Vos también te relajaste/ que me trataste tan sucio?/ ¿Cómo no extrañas que te venere la inmundicia?/ ¿Cómo olvidaste aquel enjuague de mi cuerpo?/ ¿Cómo fue posible que habiendo dormido/ penetrados tantas noches/ te hayas convertido/ de pronto/ en este extranjero?, escribe en uno de los poemas que se leen en el apartado La última muerte. Si bien la poesía tiene su materia prima en las emociones, también se interroga ciertos porqués para motorizar la desnudes de patologías que (diría Charly) los analistas no podrán entender. En este tercer poemario, que parece estar más fuerte emocionalmente que su anterior Doliente, se le confía todo a las palabras. Las imágenes gritan, no vacilan en sensiblerías diáfanas.

Como bien lo dice la autora sobre el final del libro: nadie es profeta en su género. Por eso interroga si en sus palabras hay poesía o si lo está en sus libros. Pone en duda su artefacto y desde allí construye una obra que transita la incertidumbre. “Las preguntas que salen de adentro es la poesía que puedo ofrecer. En lo que escribo hay más preguntas que respuestas. En un mundo donde la mayo