Esta novela, llena de poesía, vuelve al pasado para recordarle que no existe, el acto poético no tiene pasado. Y Magdalena lo sabe. Entonces escribe, le pide prestada la voz a Julio, y entra al agua, nada el río, sube al árbol, pela las naranjas, las olvida, se queda en esa casa del pueblo que parece una madriguera o una isla donde hacer pie.
La casa del naranjo parece un álbum, postales de una vida común. Y el naranjo es incómodo, como la familia. ¿Qué es ser padre cuando hay madre? El hijo aprende a despedir, para dar la bienvenida. Pero cuál es la casa, dónde se queda el hijo que pega el salto y se transforma. El río es un lugar que nos pone contentos, dice. Y vuelve la silleta, el sol del verano, la arena y ese ruido del agua que sostiene, cuida, existe, como un mar debajo de la casa. Esta novela preciosa construye una casa en el mismo gesto con el que la suelta.

Natalia Romero

GIORGIO, MAGDALENA - La casa del naranjo

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Esta novela, llena de poesía, vuelve al pasado para recordarle que no existe, el acto poético no tiene pasado. Y Magdalena lo sabe. Entonces escribe, le pide prestada la voz a Julio, y entra al agua, nada el río, sube al árbol, pela las naranjas, las olvida, se queda en esa casa del pueblo que parece una madriguera o una isla donde hacer pie.
La casa del naranjo parece un álbum, postales de una vida común. Y el naranjo es incómodo, como la familia. ¿Qué es ser padre cuando hay madre? El hijo aprende a despedir, para dar la bienvenida. Pero cuál es la casa, dónde se queda el hijo que pega el salto y se transforma. El río es un lugar que nos pone contentos, dice. Y vuelve la silleta, el sol del verano, la arena y ese ruido del agua que sostiene, cuida, existe, como un mar debajo de la casa. Esta novela preciosa construye una casa en el mismo gesto con el que la suelta.

Natalia Romero