Estos poemas surgen de la subjetividad puesta a entramar en la insis-tencia, en la confianza de la composición. Voy a insistir ahí, reclama la poeta, y el juego, que parecía una apuesta a la forma, hace surgir un sentido claro. Porque la persistencia no es la del azar. Acá no manda la máquina o, más bien, la máquina deseante no se reduce al bolillero. En esta obra hay mucho más. De la selección aleatoria como primer proce-dimiento surgen las palabras-armazón, artefactos polisémicos, peque-ños trampolines hacia los deslizamientos fónicos y los neologismos que, en el encuentro con la máquina-Gianetti, harán proliferar la mate-ria sensible del poema.
En estos enlazamientos, la autora compone una gran máquina-libro de rescate. Un idioma propio y urgente. Donde el mundo puede ser ese  lugar que no te deja salir de ahí, y donde los cuerpos se pliegan, se dislocan, se desploman en su esfuerzo de resistencia. Pero también es posi-ble crear una nueva tonalidad que se oponga a esa tensión del paisaje, a la contemplación permanente que el poder exige. Es la invención de la voz del poema, la pieza más poderosa del juego. 

Daniela CamozzI

GIANETTI, CELESTE - Escritos a máquina

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Estos poemas surgen de la subjetividad puesta a entramar en la insis-tencia, en la confianza de la composición. Voy a insistir ahí, reclama la poeta, y el juego, que parecía una apuesta a la forma, hace surgir un sentido claro. Porque la persistencia no es la del azar. Acá no manda la máquina o, más bien, la máquina deseante no se reduce al bolillero. En esta obra hay mucho más. De la selección aleatoria como primer proce-dimiento surgen las palabras-armazón, artefactos polisémicos, peque-ños trampolines hacia los deslizamientos fónicos y los neologismos que, en el encuentro con la máquina-Gianetti, harán proliferar la mate-ria sensible del poema.
En estos enlazamientos, la autora compone una gran máquina-libro de rescate. Un idioma propio y urgente. Donde el mundo puede ser ese  lugar que no te deja salir de ahí, y donde los cuerpos se pliegan, se dislocan, se desploman en su esfuerzo de resistencia. Pero también es posi-ble crear una nueva tonalidad que se oponga a esa tensión del paisaje, a la contemplación permanente que el poder exige. Es la invención de la voz del poema, la pieza más poderosa del juego. 

Daniela CamozzI