DIÉGUEZ, CELESTE - Lo real

Diéguez se propone y nos propone, ya desde el título del libro, un verdadero desafío: lo real. Pero, ¿Qué es lo real? ¿Cómo describirlo y pensarlo? Esta es la gran cuestión de la filosofía desde sus inicios y que cobra urgencia en la época de los medios masivos y la realidad virtual. Las posibles respuestas, si las hay, no parten sólo de construcciones teóricas lógica y empíricamente fundamentadas, sino ante todo, de una indagación poética. Entonces, a partir de la experiencia del sujeto, eso que está allí se manifiesta como algo que afecta al propio cuerpo y viceversa: “Yo agarro entre mis pinzas lo que no se entiende / el reborde de algo que se llama a sí mismo lo real / y con mi cuerpo caliente atravieso la estepa”.

El libro es una serie de exploraciones por el nudo donde se articulan el cuerpo y el mundo, la lengua y las formas de vida. ¿Qué proximidades y distancias mantienen nuestros cuerpos en la sociedad, por ejemplo en una escalera de subte? ¿Qué lengua hablamos y con la cual pretendemos manejarnos en lo real? Si por un lado, se experimenta la “ajenidad una boca que habla en otra lengua”, por el otro hay una “lengua en común” pero que está hecha de lugares también comunes, que no hablamos sino que nos habla y nos formatea: claves de acceso, números de pin, documento, voto obligatorio…Así, entre la radical ajenidad y lo común automatizado, la lengua que también es un cuerpo ensaya como respuesta otras posibilidades, giros extraños, imprevistos: “estaré muerta en paz de órganos y aparatos / ya no más planta deseante / ya no más coyuyo sufriente / amancebada égloga rudimentaria, / bien pastoril.”

Correlativamente, el sujeto sujetado y disciplinado en modelos de lo esperable por los mandatos sociales (la mujer en el campo o la pequeñoburguesa de la ciudad) enfrentado a aquello que se desarticula y se desmembra, menos como proximidad de la ruina que como posibilidad, otra vez, de algo inédito: “Un cuerpo que se desmantela / crece en su posibilidad de estar en todas partes”.

 

La pregunta por lo real. Antes de que se endureciese con Aristóteles en un lenguaje seco y profesional, la filosofía era poesía. Eso es lo quenos recuerda Diéguez en este libro.

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Diéguez se propone y nos propone, ya desde el título del libro, un verdadero desafío: lo real. Pero, ¿Qué es lo real? ¿Cómo describirlo y pensarlo? Esta es la gran cuestión de la filosofía desde sus inicios y que cobra urgencia en la época de los medios masivos y la realidad virtual. Las posibles respuestas, si las hay, no parten sólo de construcciones teóricas lógica y empíricamente fundamentadas, sino ante todo, de una indagación poética. Entonces, a partir de la experiencia del sujeto, eso que está allí se manifiesta como algo que afecta al propio cuerpo y viceversa: “Yo agarro entre mis pinzas lo que no se entiende / el reborde de algo que se llama a sí mismo lo real / y con mi cuerpo caliente atravieso la estepa”.

El libro es una serie de exploraciones por el nudo donde se articulan el cuerpo y el mundo, la lengua y las formas de vida. ¿Qué proximidades y distancias mantienen nuestros cuerpos en la sociedad, por ejemplo en una escalera de subte? ¿Qué lengua hablamos y con la cual pretendemos manejarnos en lo real? Si por un lado, se experimenta la “ajenidad una boca que habla en otra lengua”, por el otro hay una “lengua en común” pero que está hecha de lugares también comunes, que no hablamos sino que nos habla y nos formatea: claves de acceso, números de pin, documento, voto obligatorio…Así, entre la radical ajenidad y lo común automatizado, la lengua que también es un cuerpo ensaya como respuesta otras posibilidades, giros extraños, imprevistos: “estaré muerta en paz de órganos y aparatos / ya no más planta deseante / ya no más coyuyo sufriente / amancebada égloga rudimentaria, / bien pastoril.”

Correlativamente, el sujeto sujetado y disciplinado en modelos de lo esperable por los mandatos sociales (la mujer en el campo o la pequeñoburguesa de la ciudad) enfrentado a aquello que se desarticula y se desmembra, menos como proximidad de la ruina que como posibilidad, otra vez, de algo inédito: “Un cuerpo que se desmantela / crece en su posibilidad de estar en todas partes”.

 

La pregunta por lo real. Antes de que se endureciese con Aristóteles en un lenguaje seco y profesional, la filosofía era poesía. Eso es lo quenos recuerda Diéguez en este libro.