Un poemario puede ser un entrenamiento para ejercitar los sentidos, para levantar un kilo de plumas o la multiplicación del propio peso. En un jardín donde no hay costa, no hay esperanza, lo plateado es una promesa. El frío y la lluvia son una constante. Pero el equilibrio entre luz y oscuridad es perfecto.
Aquí hay un cosmopolitismo de antena satelital, de teléfono celular, cuyos brillitos encienden las escenas de provincia, un paisaje sub 30 que toma la más blanca y plateada, se cree mil metales, mil colores en el filo de los cerros, pero entrega pizza y empanadas. Las pantallas chiquitas iluminan también habitaciones donde duermen y despiertan linajes femeninos: perras, chicas de entre 20 y 25 años, abuelas. Y un rasgo oriental que viene de lejos, de hace tiempo.
Aquí el mundo se vive así, en lecturas, en ciudades que son palabras raras. Mientras Sofía nos deja en claro: Soy/ Sofía de la Vega/ Vengo de Tucumán. Y también, primerísima en desconocer la obligación de género, “soy/ la única chico que te escribe”.

Marina Mariasch

DE LA VEGA, SOFÍA - Blancas y Plateadas

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Un poemario puede ser un entrenamiento para ejercitar los sentidos, para levantar un kilo de plumas o la multiplicación del propio peso. En un jardín donde no hay costa, no hay esperanza, lo plateado es una promesa. El frío y la lluvia son una constante. Pero el equilibrio entre luz y oscuridad es perfecto.
Aquí hay un cosmopolitismo de antena satelital, de teléfono celular, cuyos brillitos encienden las escenas de provincia, un paisaje sub 30 que toma la más blanca y plateada, se cree mil metales, mil colores en el filo de los cerros, pero entrega pizza y empanadas. Las pantallas chiquitas iluminan también habitaciones donde duermen y despiertan linajes femeninos: perras, chicas de entre 20 y 25 años, abuelas. Y un rasgo oriental que viene de lejos, de hace tiempo.
Aquí el mundo se vive así, en lecturas, en ciudades que son palabras raras. Mientras Sofía nos deja en claro: Soy/ Sofía de la Vega/ Vengo de Tucumán. Y también, primerísima en desconocer la obligación de género, “soy/ la única chico que te escribe”.

Marina Mariasch