“Adopté a Briante como padre, porque nunca es tarde para tomar a alguien por padre. Si hay algo que un padre da, en algún momento, es una vibración, como un deseo de continuidad materializado en movimientos, sonidos: todos apenas perceptibles pero por eso mismo capaces de tocar lo más pequeño, lo atómico –lo subatómico, incluso–, y darle aliento. Un análisis posible: teoría de cuerdas y potencia vibrante en las frases de Briante. Porque vibra, Briante, y hace vibrar. Las mezclas, las disonancias, los largos párrafos cuidados como la seda y a la vez atravesados por el barro, el hollín, los papeles que vuelan con el viento, pesados, hasta engancharse en las púas de un alambrado.”

Félix Bruzzone

 

Escritos entre los 15 y los 21 años, los cuentos de Las hamacas voladoras perduran y se fortalecen cada vez que una nueva camada de lectores accede a ellos. Mito literario de los 60, las sucesivas reediciones dan cuenta de la extraordinaria vigencia de este primer libro de Miguel Briante, quien decía: “cambian los lectores, no los libros”

BRIANTE, MIGUEL - Las hamacas voladoras y otros relatos

$690
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“Adopté a Briante como padre, porque nunca es tarde para tomar a alguien por padre. Si hay algo que un padre da, en algún momento, es una vibración, como un deseo de continuidad materializado en movimientos, sonidos: todos apenas perceptibles pero por eso mismo capaces de tocar lo más pequeño, lo atómico –lo subatómico, incluso–, y darle aliento. Un análisis posible: teoría de cuerdas y potencia vibrante en las frases de Briante. Porque vibra, Briante, y hace vibrar. Las mezclas, las disonancias, los largos párrafos cuidados como la seda y a la vez atravesados por el barro, el hollín, los papeles que vuelan con el viento, pesados, hasta engancharse en las púas de un alambrado.”

Félix Bruzzone

 

Escritos entre los 15 y los 21 años, los cuentos de Las hamacas voladoras perduran y se fortalecen cada vez que una nueva camada de lectores accede a ellos. Mito literario de los 60, las sucesivas reediciones dan cuenta de la extraordinaria vigencia de este primer libro de Miguel Briante, quien decía: “cambian los lectores, no los libros”