Una voz que da cuenta de la pasión, de sus insospechados caminos y afluentes. Sí. Pero sobre todo una voz que sucede en términos afectivos. Única luz del mundo de Osvaldo Bossi órbita en torno al deseo y el amor. Batman y Robín, el Coyote y el Correcaminos, Hamlet, Ofelia y Laertes, Danilo y Raulito son personajes pendientes de un fuego que los consume y, simultáneamente, los alimenta. Al leer en perspectiva la obra de Bossi se reconocen distintos registros: el lenguaje de la historieta y la televisión como universos que configuraron la infancia y el imaginario del poeta; el tono lírico en diálogo con la tragedia shakesperiana; la apertura a las voces barriales que consolidan los mitos del conurbano; el devaneo romántico que informa la desventura amorosa, su melodrama y, también, con suave ironía, el paso de comedia de cualquier relación ardiente. La enunciación parece trabajar en el centro de la hoguera, a veces en un triángulo delicado y ciertamente resbaladizo ("Un hombre que ama a un hombre / que ama una mujer, está acorralado"). No obstante, a pesar del reconocimiento del fuego, esta voz resiste cualquier tentativa de extinción. La ansiedad, los celos y la penuria de los vínculos son objeto de goce poético. Resulta paradójico: los dilemas y los laberintos concernientes al microcosmos febril de los amantes encuentran sentido, sosiego y concreción en el cuerpo del poema. Osvaldo Bossi siempre estuvo atento a las corrientes del discurso poético y a sus mínimas oscilaciones. La intervención pública en los ciclos de lectura que organizó y los talleres que dejaron su rúbrica en jóvenes poetas son un testimonio de la atención a la escena literaria contemporánea. Aun así, nunca desechó una herencia poética (lírica, narrativa y coloquial) concebida como un caudal que acontece en el presente. Tampoco desatendió el ritmo, elemento acústico crucial ligado a una ética del escribir. La respiración de su lengua determina no solo un modo de ver el mundo, sobre todo, la experiencia estética regida por el movimiento de la voz, convierte la poesía de Bossi -singular y perdurable- en una experiencia vital.

BOSSI, OSVALDO - Única Luz Del Mundo (POESÍA REUNIDA 1988-2019)

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Una voz que da cuenta de la pasión, de sus insospechados caminos y afluentes. Sí. Pero sobre todo una voz que sucede en términos afectivos. Única luz del mundo de Osvaldo Bossi órbita en torno al deseo y el amor. Batman y Robín, el Coyote y el Correcaminos, Hamlet, Ofelia y Laertes, Danilo y Raulito son personajes pendientes de un fuego que los consume y, simultáneamente, los alimenta. Al leer en perspectiva la obra de Bossi se reconocen distintos registros: el lenguaje de la historieta y la televisión como universos que configuraron la infancia y el imaginario del poeta; el tono lírico en diálogo con la tragedia shakesperiana; la apertura a las voces barriales que consolidan los mitos del conurbano; el devaneo romántico que informa la desventura amorosa, su melodrama y, también, con suave ironía, el paso de comedia de cualquier relación ardiente. La enunciación parece trabajar en el centro de la hoguera, a veces en un triángulo delicado y ciertamente resbaladizo ("Un hombre que ama a un hombre / que ama una mujer, está acorralado"). No obstante, a pesar del reconocimiento del fuego, esta voz resiste cualquier tentativa de extinción. La ansiedad, los celos y la penuria de los vínculos son objeto de goce poético. Resulta paradójico: los dilemas y los laberintos concernientes al microcosmos febril de los amantes encuentran sentido, sosiego y concreción en el cuerpo del poema. Osvaldo Bossi siempre estuvo atento a las corrientes del discurso poético y a sus mínimas oscilaciones. La intervención pública en los ciclos de lectura que organizó y los talleres que dejaron su rúbrica en jóvenes poetas son un testimonio de la atención a la escena literaria contemporánea. Aun así, nunca desechó una herencia poética (lírica, narrativa y coloquial) concebida como un caudal que acontece en el presente. Tampoco desatendió el ritmo, elemento acústico crucial ligado a una ética del escribir. La respiración de su lengua determina no solo un modo de ver el mundo, sobre todo, la experiencia estética regida por el movimiento de la voz, convierte la poesía de Bossi -singular y perdurable- en una experiencia vital.