Lo perturbó el aguijoneo debajo del pantalón, una fuerza muy rápida que no alcanzaba a endurecer, la sensación de una gota de orín que se escapaba, la inquietud nerviosa a lo largo del cuerpo. El golpe. No pareció una fantasía. El golpe seco. La luz se apagó. El cerebro viejo, el alcohol y ese relámpago inesperado en la ventana –una imagen de una rara nitidez–, todo lo confundía. Qué había pasado. Oscuro. Echó a andar”. Rubén había planeado un viaje con Cristian, su hijo, a la playa donde solían veranear cuando Cristian era chico y Maricel aún vivía. A último momento Cristian desiste, pero él viaja igual. Con el correr de los días, el camino entre la playa y el hotelito en el que se hospeda comienza a llenarse de sombras, los recuerdos que le trae el lugar irrumpen en su memoria como si pertenecieran a una vida ajena. La aparición de la chica Magnasco, una adolescente que sabe poner en juego su sensualidad, terminará de desatar una tormenta en la que se arremolinan el recuerdo, la fantasía y el deseo.

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Lo perturbó el aguijoneo debajo del pantalón, una fuerza muy rápida que no alcanzaba a endurecer, la sensación de una gota de orín que se escapaba, la inquietud nerviosa a lo largo del cuerpo. El golpe. No pareció una fantasía. El golpe seco. La luz se apagó. El cerebro viejo, el alcohol y ese relámpago inesperado en la ventana –una imagen de una rara nitidez–, todo lo confundía. Qué había pasado. Oscuro. Echó a andar”. Rubén había planeado un viaje con Cristian, su hijo, a la playa donde solían veranear cuando Cristian era chico y Maricel aún vivía. A último momento Cristian desiste, pero él viaja igual. Con el correr de los días, el camino entre la playa y el hotelito en el que se hospeda comienza a llenarse de sombras, los recuerdos que le trae el lugar irrumpen en su memoria como si pertenecieran a una vida ajena. La aparición de la chica Magnasco, una adolescente que sabe poner en juego su sensualidad, terminará de desatar una tormenta en la que se arremolinan el recuerdo, la fantasía y el deseo.