El 30 de septiembre de 1868 se publicó por primera vez en inglés Mujercitas y desde entonces la novela de Louisa May Alcott se convirtió en un fenómeno cultural que atrapó a todos los lectores, sin importar edad, género o clase. A 150 años, la historia de las hermanas March ha trascendido de muchas otras maneras: desde radioteatros y películas hasta series televisivas y animé, y así expandió su influencia más allá de sus páginas. Sin embargo, en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, Mujercitas fue sinónimo de sentimentalismo y nostalgia. Despreciada, considerada una obra menor y excluida del canon literario, durante el resto del siglo xx se la asoció con la emoción fácil y pasada de moda. A pesar de esto, escritoras de diferentes generaciones y tan disímiles como Simone de Beauvoir, J. K. Rowling y Úrsula K. Le Guin reconocen que la novela despertó su ambición literaria y que encontraron en la figura de Jo un modelo a seguir para rebelarse contra los supuestos ideales de feminidad establecidos.El legado de Mujercitas no es solo una investigación acerca de la manera en que se construyó un clásico, sino también la historia de cómo un libro puede cambiar la mirada sobre la mujer en la sociedad. Anne Boyd Rioux analiza con sagacidad las razones por las que la novela de Alcott resulta a la vez conservadora y progresista: en sus diferentes historias de búsqueda y romance, rebelión y resignación, rechazo y adaptación, el libro ofrece a los lectores múltiples opciones sin ceñirse a ninguna. Esa ambigüedad, justamente, puede ser su mayor aporte y la base para entender la pertinencia de Mujercitas en la discusión feminista contemporánea.

BOYD RIOUX, ANNE - El legado de Mujercitas
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El 30 de septiembre de 1868 se publicó por primera vez en inglés Mujercitas y desde entonces la novela de Louisa May Alcott se convirtió en un fenómeno cultural que atrapó a todos los lectores, sin importar edad, género o clase. A 150 años, la historia de las hermanas March ha trascendido de muchas otras maneras: desde radioteatros y películas hasta series televisivas y animé, y así expandió su influencia más allá de sus páginas. Sin embargo, en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, Mujercitas fue sinónimo de sentimentalismo y nostalgia. Despreciada, considerada una obra menor y excluida del canon literario, durante el resto del siglo xx se la asoció con la emoción fácil y pasada de moda. A pesar de esto, escritoras de diferentes generaciones y tan disímiles como Simone de Beauvoir, J. K. Rowling y Úrsula K. Le Guin reconocen que la novela despertó su ambición literaria y que encontraron en la figura de Jo un modelo a seguir para rebelarse contra los supuestos ideales de feminidad establecidos.El legado de Mujercitas no es solo una investigación acerca de la manera en que se construyó un clásico, sino también la historia de cómo un libro puede cambiar la mirada sobre la mujer en la sociedad. Anne Boyd Rioux analiza con sagacidad las razones por las que la novela de Alcott resulta a la vez conservadora y progresista: en sus diferentes historias de búsqueda y romance, rebelión y resignación, rechazo y adaptación, el libro ofrece a los lectores múltiples opciones sin ceñirse a ninguna. Esa ambigüedad, justamente, puede ser su mayor aporte y la base para entender la pertinencia de Mujercitas en la discusión feminista contemporánea.